Hacia una escuela más consciente: unas Jornadas de Práctica Reflexiva para aprender de lo que pasa en nuestras aulas

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En la Fundación Spínola seguimos dando pasos en un camino que nos está ayudando a mirar la educación desde dentro: la práctica reflexiva. Después de dos años abriendo la ventana a la reflexión con las jornadas Evaluar y aprender – de febrero y noviembre de 2024-, este curso hemos querido asomarnos juntos para mirar, compartir y transformar.
Las Jornadas de Práctica Reflexiva han reunido a los equipos intercentros de Proyecto Curricular y de Teología Curricular. Durante el 6 y 7 de noviembre, los educadores se han encontrado en Madrid para dialogar, contrastar experiencias y aprender de lo vivido en sus aulas.
Apostamos por construir una escuela más consciente
Más que un encuentro, ha sido una experiencia de conversación a fondo sobre nuestra práctica educativa: cómo miramos el aprendizaje de los alumnos, qué señales observamos, cómo interpretamos lo que sucede en clase y qué nuevas preguntas se abren cuando nos paramos a pensar juntos. “Aprendemos cómo observar un aula para aprender de lo que pasa”.

Estas Jornadas de práctica reflexiva reflejan la apuesta de nuestra red educativa por construir una escuela más consciente, en la que cada educador aprende a mirar su práctica, recoger aprendizajes de otros y atreverse a transformar su aula desde dentro. Porque cuando compartimos lo que vivimos, todos aprendemos más.
Celebramos lo que aprendemos
La práctica reflexiva nos está ayudando a crear una auténtica cultura de aprendizaje profesional: cada educador comparte sus hallazgos, las preguntas que le mueven, los desafíos que surgen en el aula o aquello que no salió como esperaba. Desde el feedback de calidad y el acompañamiento entre iguales, ampliamos posibilidades y descubrimos nuevos recursos como comunidad educativa.
Más allá de corregir: cómo transformar la evaluación en aprendizaje en el aula
Durante las jornadas, hubo también tiempo para celebrar lo que estamos aprendiendo. En un clima de escucha, confianza y alegría, se hizo visible algo esencial: la fuerza de sabernos comunidad de aprendizaje.
Ojalá esta experiencia nos siga inspirando a abrir nuestras propias ventanas, a mirar de forma reflexiva y admirada lo que hacemos; convencidos de que la reflexión compartida transforma la educación.
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