Campamento 3º y 4º ESO: «Sin duda lo volvería a repetir una y mil veces»

El campamento de de 3º y 4º ESO es una vivencia inolvidable y muy esperada cada año por nuestros alumnos. A través de estas palabras, queremos abrirte una ventana a lo que significó esta experiencia transformadora. Porque hay vivencias que marcan, que te cambian desde dentro, y que se quedan contigo para siempre. Este testimonio es una de ellas.
Manuela Almansa, del colegio Cardenal Spínola de Huelva, pone voz a lo vivido durante estos días, compartiendo en primera persona los momentos que más les han marcado.
Este campamento ha sido sin duda el más especial, ha sido único, hemos vivido el éxodo, llegamos estando oprimidos, y nos fuimos liberando poco a poco, aprendiendo así a valorar cada detalle, a vivir cada momento, y sin duda aprendimos que el camino es mucho más fácil si permanecemos unidos.
Este año ha sido un cierre de etapa, y aunque sea el último campamento aún queda muchos momentos por vivir juntos, porque Spínola es familia, es hogar, es la casa a la que siempre perteneceremos y siempre podremos volver. Es una experiencia en la que Dios es el centro de todo, por eso sabemos que lo que una el campamento será eterno.
Todos y cada uno de nosotros hemos crecido como personas estos ocho días, y es sin duda una experiencia que ha marcado un antes y un después en nuestras vidas. Hemos visto a Dios en cada uno de nosotros, en cada risa con alguien especial, en cada llanto en el que alguien te venía a abrazar, porque se han creado más que amistades, se ha creado una familia, y si en algo estamos de acuerdo todos es que ha sido un campamento lleno de emociones, viviendo todo con intensidad, y haciendo lo que sentimos, porque otra cosa que hemos aprendido es que hacer lo que sientes es la única forma correcta de hacer las cosas.
Que afortunada me siento de haber vivido esta experiencia, en la que hemos aprendido a tener presente nuestra fe en cada momento del día, la fe que le da sentido a nuestra vida. Hemos aprendido a sacar el lado positivo aunque hayan cosas que no nos gusten tanto, a darnos cuenta de lo afortunados que somos, por lo que tenemos, por la experiencia que hemos vivido, una experiencia compartida, llena de personas con la misma fe, las mismas ganas de crecer y de aprender, personas que han convivido juntas, superando así las pequeñas dificultades que eso pueda suponer, como acostumbrarnos a levantarnos con música todos los días, y convirtiéndolas en momentos que guardaremos en el corazón para toda la vida, porque cada persona de este campamento ha dejado una gran huella en cada uno de nosotros.
Agradezco la forma en la que nos han hecho ver que Dios nos ama tal y como somos, y aprender a amarnos de esa manera entre nosotros, un amor incondicional, un amor siempre dispuesto a dar, un amor que espera sin importar cuánto, que acoge, que cuida, un amor que nos tendremos para toda la vida, que te hace sacar lo mejor de ti y hacer todo lo que esté en tu mano para hacer a los demás más feliz.
Esta experiencia no hubiera sido la misma sin cada persona que ha pertenecido a ella, y sin duda la volvería a repetir una y mil veces, bueno, yo y todos, porque el último día nadie se quería ir.
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