Jornadas de retiro y espiritualidad un tiempo para reconectar con mi forma de entender mi trabajo

«¿Es mejor para mí o es mejor para todos?» Esta es la frase que pronunció José, de Tierra Habitada, con la que se quedó mi pensamiento y mi corazón, la frase que me he traído (ojalá que para siempre) para poner delante de todo.
Cuando me invitaron desde el colegio a hacer este viaje, no sabía a dónde iba, solo escuché campo, casa de piedra, poco más… Atropellada, como me sentía en ese momento, por la batalla que supone cada día lidiar con todo a la vez, sin llegar ni a la milésimas parte de lo que a uno le gustaría, no me planteé que era un retiro espiritual, solo pensé en un rato de huida, honestamente, quería salir de mi día a día, mirar verde y pasar frío.
Por el camino sentí que me había equivocado al decir «sí, quiero ir» pensaba: final de mes, no voy a desconectar, se me acumulará el trabajo….y así fui, trabajando en el tren, aprovechando hasta el último minuto antes de encontrarme con el grupo. Después de una hora en Cañicosa, de sentarme a la mesa y dar gracias por los alimentos, por la tierra que los acoge, por quién los siembra, los recolecta, los transporta, los prepara y guardar un momento de silencio antes de comenzar a comer, comprendí que sencillamente tenía que estar allí, había llegado a casa San Martín a reconectar con mi forma de entender mi trabajo, con la manera que tengo de sentirlo.
Todo lo demás también ha sido así, pararme y respirar, pararme y contemplar, sentarme frente a la foto de la madre que porta a su hijo y al dolor de vivir en plena guerra, estando en el mes de mayo, el mes de María. El contacto con la dura realidad a través de los juegos de José, de todo aquello que no vemos en nuestros gestos más cotidianos, vestirnos, alimentarnos, asearnos y mantenernos comunicados. Poner en común la reflexión de cada compañero y comprender que somos herramientas de acción social a través de nuestra comunidad educativa. Integrar que todo afecta a los demás y a nosotros mismos, que todos podemos hacer algo, que todos tenemos la obligación de “Ser respuesta”.
No, no ha sido una huida, ha sido un viaje hacia dentro, de la manera más sencilla, de la manera más bonita, a solas, tocando el agua helada del arroyo, pude fundirme con el milagro de la creación, la vida, la esperanza y el valor de cada cosa que habita nuestra tierra…pude pararme y cerrar los ojos para ver los caminos que llaman a ser andados, guardar silencio para escuchar qué se nos pide.
Sí, sin duda ha sido para mí, un retiro espiritual. Gracias por proporcionarnos estos momentos.
Testimonio de Encarna Moreno Vega, responsable de comedor del colegio Sagrado Corazón de Málaga



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